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  1. Volvamos al Dios Naturaleza

 

   En este mundo relativo, el crecimiento centrifugo de la civilización material del hombre, que se basa en el pensamiento dialéctico y que apunta a adquirir conocimiento y cosas, se está acercando a los límites de su expansión e invita a la destrucción de la naturaleza y a la ruina del espíritu humano. Diríamos que esta era tiende a la desintegración y al colapso.

   El siglo venidero tendrá que ser de cultura espiritual, donde revirtamos nuestro curso y volvamos de un modo centrípeto al origen de la naturaleza que es Dios. Deberá se una era en la cual comprendamos fundamentalmente cual es la realidad del hombre, en la que vivamos de paz siguiendo los métodos naturales junto a una gran cantidad de maneras de no-conocimiento y no-acción.

   Ahora es el momento de detener el desarrollo dialéctico construido en una civilización centrífuga falsa, de comprender, filosófica y religiosamente la realidad: la raza humana se está enfrentando a su fin, y de descartar nociones desconcertantes de todos los aspectos de la vida.

 

 

Una Revolución en el Pensamiento

 

El nuevo movimiento de la naturaleza, que parte del hecho según el cual la naturaleza es Dios, producirá una revolución fundamental en la religión y la filosofía.

1)      Una revolucion mundial en la religión. Ahora es el momento en que las religiones como el cristianismo, el islamismo y el budismo deben unirse y combinarse en nombre de la naturaleza. Si no nos apuramos a desarrollar un movimiento para unificar todas las religiones y sistemas de pensamiento, el mundo será destruido por guerras ideológicas. Esto ya ha comenzado.

La filosofía se ha dividido en filosofía occidental y oriental, no hace falta decir que sus diferencias deberían ser dejadas de lado y unificarse. La función de la filosofía es prever la iluminación del Espíritu Santo para volver a unir a Dios y a sus hijos, que originalmente eran uno. Debe ser una brújula que asista a la religión y corrija lógicamente las ilusiones del hombre.

2)      Una revolución de paz. Hay que reconocer que estar desarmado es de hecho el medio más deseable para lograr la paz. Los individuos deben jurar no sólo que nunca volverán a tomar las armas sino también que no participarán en ninguna industria relacionada con las armas, directa o indirectamente. Deben ir más allá de la nocion de estado, raza, o individualidad y declararse libres, personas del globo. Cuando toda la gente  haya proclamado su adhesión a la eterna renuncia a la guerra, en casa y en el extranjero, entonces es preciso que permanezcamos fieles a nosotros mismos.

            En este libro he hablado acerca de "cada árbol y cada brizna de pasto", el Dios de una nueva religión que trasciende la religión. Y sin embargo aunque diga que es una nueva religión, este Dios, que está simbolizado por la expresión de Lao Tsé: "El Camino Sin Nombre", no está para nada disociado del Dios de Cristo o Mahoma y es exactamente el mismo acerca del cual nos enseño el Buda. Yo simplemente he ido directamente al grano hablando de la verdadera forma de aquel Dios que rechaza al Dios del pasado, aunque desde el pinto de vista del pensamiento religioso equivocado del pasado, parece ser ewl primer signo de una revolución religiosa que producirá la destrucción de la vieja.

   Si la verdadera forma de Dios se manifiesta claramente a la gente, entonces debe volverse evidente para las personas qué es la religión y qué es lo que deben hacer en términos de actividad religiosa.

   Originalmente la tierra debe haber sido un Jardín del Edén- Si nos preguntamos qué es el cielo, debe haber sido eso. Sin importar dónde uno viajara habría vegetación por todas partes, y las flores florecerían todo el año. Entre las flores silvestres y el trébol del costado del camino, encontraríamos daikon y nabos, tomates y pepinos. Incluso se encontrarían granos mezclados entre ellos, y podríamos comer en cualquier momento. Si fuéramos a las montañas, manantiales cristalinos fluirían de las rocas, y los ríos estarían rebosantes de peces. Si fuéramos al bosque, habría suficiente leña y variedad de nueces y frutas que podríamos tomar y comer libremente.

   Allí las terribles luchas de la pobreza y la riqueza, la sabiduría y la estupidez, la superioridad y la inferioridad cesarían,  y un mundo pacífico de libertad y generosidad surgiría. Viviríamos juntos con la naturaleza. El mundo se convertiría en el país de Dios, donde acordes de himnos de amor belleza y júbilo deleitarían nuestros oídos.

   Ahora el mundo se enfrenta a esta alternativa: convertir la tierra en el país del Dios o en un infierno regido por demonios.

   En lugar de inundar la tierra con misiles lanzados desde naves espaciales, aviones de guerra, o bombarderos, deberíamos juntar semillas de todo el mundo y esparcirlas sobre el suelo. Actualmente la gente joven deposita sus esperanzas para el siglo XXI en una nave espacial, que está repleta de todas las contradicciones de la humanidad. La nave espacial será un arma poderosa para la destrucción de la tierra, pero nunca podrá convertirse en el arca de Noé que salvará a la raza humana. Si el hombre sueña con huir de la tierra en un satélite hecho por el hombre, que no sería nada más que una mota de polvo en el cosmos, esa sería la tragedia más tonta que pudiera imaginarse. Me pregunto qué tipo de Jardín del Edén esta nueva raza humana está tratando de crear en el espacio. Es imposible hacer que flores mas bellas que las flores de la tierra que son Dios, florezcan en la oscuridad del espacio.


 

 

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